Hay que reconocer que la tartaleta de frutas, en general, es uno de esos canapés o pastelillos que primero nos entran a todos por los ojos. Su delicadeza, su colorido y su composición estimulan de un sólo vistazo nuestra imaginación, activan los recuerdos de tantos sabores agradables que tenemos guardados en la recámara (de nuestra niñez, de cuando descubrimos los pasteles de crema, de aquellas tardes que íbamos al campo con la familia o con la cuadrilla, a por moras y fresas silvestres) hasta tal punto que sólo de mirarlas ya se nos hace la boca agua, ¿o no?

Tartaleta de frutas

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Son tan bonitas, tan estéticamente impecables, que cuando las sacamos de la cocina y las ponemos en nuestro expositor es bastante frecuente escuchar “ay, ama, si da hasta pena comerlas de lo cuquis que son!”. Pues descuidad, quitad ese miedo que, si se acaban, en un rato sacamos más.

Que nadie se quede con ganas de probarlas, porque además de bonitas, son deliciosas. Las tartaletas de crema y frutas rojas que hacemos en Charamel llevan base de sablé breton, una exquisitez deliciosa, frágil y crujiente que en la boca parecen migas o arena dulce deshaciéndose (no en vano sablé en francés quiere decir arenado). Originaria de Normandía y popularizada en la Bretaña francesa esta galleta lleva, como casi todo lo francés, mucha mantequilla y sirve de base para preparar infinidad de recetas – aunque está tan buena que también hay quien se la toma sola -.

Lo interesante es preparar estas tartaletas con frutas de temporada y las más aficionadas a este postre no dudan en preferir las que llevan frutas rojas, como las nuestras, las que hemos elegido en Charamel, ya que el contraste de sabores es simplemente extraordinario. Pero no sólo el contraste de sabores de estos pastelillos hacen de ellos un postre redondo, se trata del contraste de todos y cada uno de sus elementos, de ese toque crujiente y arenoso de la base con la suavidad de la crema y el frescor de los arándanos, las moras y todas las frutas rojas.

Respecto al momento propicio para tomarlas, ¿qué decir?, si hasta para desayunar están buenas, con ese toque afrutado. Ideales para animar una merienda, una fiesta de cumpleaños, o para poner color a un café con las amigas, también pueden venir bien para esas tertulias que prolongan las comidas familiares. Donde unos aconsejan no sacar – de ninguna manera – temas relacionados con religión o con política, nosotras recomendamos repartir estas tartaletas por la mesa, y que la gente se deje llevar por su dulzura y las emociones que despiertan.

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