Dentro del variado conjunto de postres lácteos que conocemos, donde se agrupan el flan, las natillas, la crema catalana o la panacota – entre otros – la cuajada quizás sea uno de los que goza de mayor aceptación por nuestras tierras. Es muy habitual encontrarla en bares y restaurantes como estupendo final a un menú del día, y muchos de nuestros prestigiosos chefs vascos la sirven en diferentes texturas o sorprendentes elaboraciones dentro de las cartas de postres caseros que cierran sus menús degustación.

Mousse de cuajada ahumada con miel

Una buena cuajada, acompañada de miel y nueces – tal y como comenzaron a servirla hace siglos en el Valle de Ultzama, en Navarra -, hace las delicias de mucha gente, que prefiere rematar de esta manera una suculenta comida. Y es que no hace falta ser mucho de yogures, o de beber mucha leche, para que te guste una cuajada casera, hecha con leche de oveja.

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Pues este sabor tan tradicional y tan nuestro es el que hemos querido respetar y cuidar en Charamel lanzando esta mousse, de esponjosa consistencia. Una textura diferente, como de espuma, con sus diminutas burbujas características, que no van sino a realzar un gusto de toda la vida.

Hemos trabajado con leche de oveja ahumada porque da mucha intensidad y también porque evoca los aromas del Valle del Roncal. En Charamel admiramos profundamente estos gustos tan próximos, que nos acercan historias de pequeños artesanos y artesanas locales que, como nosotras, intentan abastecer su cocina con productos naturales obtenidos desde el respeto al medio ambiente.

Nuestra mousse de cuajada con leche de oveja ahumada guarda una sorpresita en su interior: un zambombazo de miel que mejora notablemente el sabor y que hemos aromatizado nosotras mismas con romero, tomillo y menta. Estas tres hierbas que hemos elegido son muy ricas en principios activos y además dan a la miel un aroma agradable y acaramelado que proporciona a la mousse todo el dulzor que necesita, sin dejar de ser un plato saludable. con unos buenos higos o unas nueces.

De esta manera hemos conseguido un efecto muy dulce y muy suave, que por un lado enriquece el conjunto y lo embellece, pero también hace de él un postre más sano, ya que no necesita incluir una ingente cantidad de azúcar para compensar el fuerte sabor de la leche de oveja.

La clave de su éxito está en la combinación de estos sabores: la dulzura de la miel aromatizada con el puntito salado de la leche de oveja. Un postre perfecto para cerrar una comida familiar, que se puede acompañar con unos buenos higos o unas nueces.

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