A nuestros populares hojaldres les está saliendo una dura competencia: los eclairs de sabores, también conocidos como relámpagos, xuxos o petisús. Un dulce que nos llega del país vecino, de Francia y que, como cada postre que nos viene del lado de allá, cuenta con un halo de prestigio, de sofisticación, de glamour y elegancia.

Para entender el origen de este capricho repostero tenemos que remontarnos al siglo XIX, a la pastelería clásica que se desarrollaba en las principales ciudades francesas, pensando en el refinado gusto de nobles, aristócratas y burguesía adinerada. Marie-Antoine Carême fue el creador de este “rayo” o “relámpago” que debe su nombre a su forma alargada y delgada, de acuerdo a la opinión de unos, y también a la velocidad con la que se puede comer, en opinión de otros.

Aunque si nos ponemos rigurosas parece ser que también estos eclairs o relámpagos se conocieron en un primer momento como “petite duchesse” o “pequeña duquesa” ya que eran la debilidad de una de las menores de la casa real francesa, una jovencita que por lo que se cuenta era capaz casi de cualquier cosa con tal de conseguir el delicioso éclair au chocolat, que debía ser lo más trendy del momento.

Allá por el año 1830 parece ser que era lo que más se consumía en París, sobre todo en los alrededores de las Galerías Lafayette, para hacer más dulces y llevaderas las tardes de compras glamourosas, para subir un poco el azúcar de las damas parisinas, que debían quedar desfallecidas después de tanta compra y tanto derroche en los almacenes de Dior y los de Chanel.

Relámpagos o petisús o eclairs en Charamel Gozotegia

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Relámpagos o petisús o eclairs en Charamel Gozotegia

Pero mucho ha llovido desde entonces (muchísimo) y la divulgación de los eclairs ha sido tan rápida, ha gozado de una aceptación tan excelente entre los golosos y no golosos de todos los continentes, que hoy vemos cómo estos relámpagos se comercializan desde Latinoamérica a Asia, en muy diversas variedades (y que no hace falta ser una aristócrata francesa, ni llevar un pañuelo de Hermés anudado al cuello, para poder comerlos, de nada).

En Charamel hemos pegado una vuelta de tuerca a este clásico dulce francés, y lo podéis encontrar en nuestra barra en variaciones muy diferentes, con sabores distintos. Con crema de chocolate, con crema de frambuesa, de turrón, … Si te gusta, no te vas a aburrir: diversión garantizada.

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