Desde el corazón de Portugal, Lisboa o Luzboa como dicen algunas, la ciudad de la luz, nos llega este delicioso postre de fama internacional: el  pastel de Belém, también conocido como pastel de nata. Esta receta afamada de hojaldre canelado con vainilla natural y tintes de ralladura de limón, nació, según cuentan, en los hornos del Monasterio de los Jerónimos, grandioso monumento de estilo manuelino, patrimonio de la humanidad, de gran belleza su vista exterior como obligada su visita interior, al igual que nuestro pastel: exterior de firme y dorada cazuelita, interior jugoso y exclusivo.

Pastéis de Belém

Corrían los años de la Revolución Liberal, entre el 1820-1832, y el Monasterio de los Jerónimos fue secularizado, expulsando a todos los monjes que lo habitaban, incluido el maestro pastelero, que resentido y ávido de una nueva forma de vida, vendió la receta a manos privadas, que posteriormente fueron las responsables de fundar la Casa Pastéis de Belém, negocio acogido en el barrio con el mismo nombre.

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Pastéis de Belém – descubre su historia

El local, un antiguo ingenio de caña de azúcar, fue decorado con baldosas artísticamente pintadas de azul, para acomodar en distintos salones a la clientela. El Barrio de Belém, lugar emblemático por tratarse del punto de partida de los exploradores portugueses, está bañado por el río Tejo (Tajo) con sus caudalosas aguas, en ocasiones confundidas con el mar. Acoge también el Monumento a los Descubridores y la Torre de Belem.

La fama mundial de estos pasteles cautivaron los paladares de la China a través de Macao, antigua colonia portuguesa, donde les denominan “dan ta” o pastel de huevo y su valor es de renombre.

Como diría Fernando Pessoa “los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Esta experiencia gastronómica única seduce nuestros sentidos, endulzándonos con los fados de Amalia Rodrigues y el dorado esplendor de la tierra fértil.

Queridas lectoras y apasionados clientes, si tenéis la suerte de visitar nuestra pastelería degustación no dudéis en acomodaros en uno de nuestros sillones, cerrar los ojos y escuchar la voz  inconfundible de Mariza cantando un océano de sentimientos. Aprovechen a saborear la vainilla y la canela en equilibrio, acompañando el pastel con un café solo o bica como dirían en el país Luso.

Y de pronto estar allí, perderte por las estrechas y floradas calles de Alfama, subirte al eléctrico que lleva a Graca y asomarte a los miradores a contemplar los tejados del Barrio Alto, porque donde están nuestros pensamientos estamos nosotras.

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